La Escandinavia Medieval

-Los anglosajones los llamaron "Daneses", aunque fueran, de hecho, Noruegos.

-Los francos, generalmente, los designaron como normandos (literalmente, hombres del norte).

-Para los Germanos, más cercanos a su cultura, eran los ascomanni u hombres del fresno, alusión a sus creencias religiosas.

-Para los irlandeses fueron los lochlainach, habitantes del país de los lagos,

-Rus (“remeros”) para los eslavos.

-Por último, para los árabes de occidente eran mayús, barbaros infieles,

-En oriente los llamaban Varegos, habitantes del mar Varego o Báltico.




GRANDES ÁMBITOS CULTURALES DE LA HISTORIA EUROPEA

Universidad Carlos III de Madrid

Profesor: Dr. D. Alfredo López Serrano

ESCANDINAVOS. Una referencia constante a lo largo de la historia, después de su protagonismo medieval y su aventura predescubridora de América.

El mito vikingo


Según el historiador Marc Bloch “Europa surgió justo cuando cayó el Imperio Romano”, lo que significa que, sin olvidar las aportaciones grecolatinas y celtas a la idea de Europa, el estudio de la Edad Media nos sumerge en un periodo de variedad en lo que se refiere a la aportación de nuevos elementos identitarios para Europa. La fragmentación política que sufre el continente en tan largo período provocó la marginación de los estudios de algunas culturas que se consideraron alejados de las historias nacionales de cada país europeo.

Así como las invasiones germánicas son abordadas como factor de la caída del Imperio romano en todos los libros de texto escolares, apenas se presta atención a otras invasiones posteriores, que completarían la realidad europea durante los primeros siglos de la Edad Media. Una presencia indeseada en ese mundo europeo occidental fue la de los vikingos.

Comenzaremos repasando en clase la imagen feroz del vikingo en Europa, su atuendo, costumbres, la idealización en determinadas épocas,… Los monjes fueron los primeros en forjar el mito vikingo, pues ellos fueron los encargados de elaborar las crónicas medievales europeas. Uno de ellos, Alcuino, describe la ferocidad de estos guerreros del Norte, que no respetaban iglesias ni personas sagradas. Parece que esto último es lo que más le importa, más que la propia violencia de su actuación, una violencia que, por entonces, era general contra los campesinos o entre unos pueblos y otros: el vikingo es presentado como un pirata, un saqueador violento, no tanto porque su ferocidad fuera una excepción, sino porque no respetaba los recintos sagrados.

La llamada “era vikinga” comienza tras el asalto del monasterio inglés de Lindisfarne, el 793, aunque sin duda hubo pequeñas escaramuzas hostiles poco antes, como la de tres embarcaciones danesas en Wessex en 789, cuyos tripulantes mataron al funcionario que salió a recibirlos pensando que venían con intenciones comerciales, algo que había sido habitual cuando los pobladores del Norte aparecían por las costas inglesas desde los tiempos del Imperio romano. El carácter de su presencia en las costas había cambiado. En 794, fracasan en su asalto al monasterio Yarrow, y al año siguiente 120 barcos siembran el terror en el occidente marítimo francés. En los años posteriores no habrá lugar en las costas atlánticas libre de sus ataques.


A partir de este momento, estos pueblos son denominados con diferentes nombres, lo que contribuye a la confusión sobre quiénes eran realmente.


-Los anglosajones los llamaron "Daneses", aunque fueran, de hecho, Noruegos.

-Los francos, generalmente, los designaron como normandos (literalmente, hombres del norte).

-Para los Germanos, más cercanos a su cultura, eran los ascomanni u hombres del fresno, alusión a sus creencias religiosas.

-Para los irlandeses fueron los lochlainach, habitantes del país de los lagos,

-Rus (“remeros”) para los eslavos.

-Por último, para los árabes de occidente eran mayús, barbaros infieles,

-En oriente los llamaban Varegos, habitantes del mar Varego o Báltico.


Si bien al principio todos pertenecían a un solo pueblo escandinavo, hablaban la misma lengua, el noruego antiguo, compartían los mismos dioses y héroes primitivos, y llevaban el mismo estilo de vida, el de granjas aisladas sometidas a duras condiciones climáticas, las expediciones vikingas contribuyeron a su diferenciación y a la formación de grandes reinos y varias conciencias nacionales. Las rutas que eligen son diferentes según sean noruegos, daneses o suecos. Buscan cosas diferentes, en lugares diferentes, por lo que es muy arriesgado considerar iguales a todos los vikingos.


Uno de los errores más frecuentes es representar a los vikingos ataviados con un casco con cuernos. A mediados del siglo XIX, los arqueólogos encontraron en Dinamarca numerosos cuernos para beber, que fueron incorporados por el compositor Richard Wagner a las escenografías de sus óperas, que difundieron esta imagen del vikingo convirtiéndola en un estereotipo. Lo cierto es que dichos cuernos eran prehistóricos, muy anteriores a la época vikinga. Ciertamente, el casco de característico protector nasal de cuero o hierro, y el gran escudo de madera pintado con refuerzo central de hierro, así como las armas, eran elementos fundamentales del guerrero vikingo: disponían de hacha, que podía matar a un caballo de un solo golpe, y espada, que tenía nombre propio y un gran valor simbólico para el guerrero. Además disponían de arcos de madera de tejo recubierta con cuero, y cuerda trenzada, según las leyendas, con cabellos de mujer.


La imagen del vikingo radicalmente violento cuadra perfectamente con los berserkers, un cuerpo especial de combate cuyos miembros incluso llegaban a consumir sustancias alucinógenas procedentes de hongos (amanita muscaria…), para hacer más violenta y alocada su conducta en combate. Este grupo nunca consiguió la integración plena en la sociedad vikinga cotidiana, salvo en la época de mayor pasión saqueadora. En los períodos de paz vivían aislados o eran procesados y e

La Escandinavia medieval


Lo que sabemos sobre la realidad de los vikingos no procede tanto de la literatura y los escritos de la época (testimonios de árabes, francos, asturianos,… pues siempre son antivikingos) como de la numismática, la arqueología, la filología, etc., así como de algunos relatos escandinavos (las sagas), y poemas (los eddas) escritos tanto en caracteres rúnicos (la escritura original pangermánica que sólo ellos conservaron finalmente) como latinos.

Los vikingos eran, pues, los pueblos germánicos del norte, que habían quedado bastante aislados del resto de tribus germánicas por las condiciones geográficas y por las incursiones de eslavos y de otros pueblos orientales al comienzo de la Edad Media.

Por lo general, habitaban en granjas que, cuando no estaban aisladas, se arremolinaban de forma desordenada, formando poblados sucios en donde no se puede hablar propiamente de urbanismo (sólo podríamos exceptuar los campos militares bien organizados de Dinamarca y algunas ciudades comerciales suecas). La casa principal de la granja tenía cimientos de piedra, paredes de madera, turba o barro y el techo de tablones y piedras planas recubiertas con musgo o hierba. Los muros podrían llegar a tener dos metros de espesor, sin más ventilación que la salida superior de humos, lo que hacía los interiores poco respirables, pero aptos para conservar el calor y para el secado y ahumado del pescado. Casi todas las construcciones tenían una sola habitación, sin intimidad posible tal como la entendemos actualmente. Destacaba en el pobre mobiliario una silla, para el padre, que era cuidada, decorada y venerada. Unos bancos de tierra de metro y medio de anchura recorrían ambos lados del interior. Construcciones como ésta se multiplicaban en las granjas familiares más prósperas hasta llegar a formar pequeñas aldeas de medio centenar de personas, muchas de ellas esclavos, con edificios para el ganado, cocinas separadas, e incluso lugares especiales para baños de vapor, antecedentes de las saunas, almacenes donde se conservaba en frío la leche (que se hervía en recipientes de madera con piedras candentes), el queso, los huevos (que se enterraban) y otros alimentos, la mayoría producidos por la misma granja familiar.



Toda la vida vikinga se articulaba en torno a la familia. Mediante los juramentos de sangre, en donde se mezclaba en público la sangre de pequeñas heridas, a falta de mecanismos legales más evolucionados, era frecuente la adopción de hijos, hermanos y padres. La familia se entierra unida según se van muriendo sus miembros.

La vida cotidiana de los hombres consistía en trabajar en la ganadería y en la agricultura, y desde la primavera quizás enrolarse en alguna correría para volver a punto de la cosecha si todo salía bien, con el objetivo siempre de acumular recursos, comida (y bebida) para el invierno. Los ajuares de las tumbas ilustran esta dualidad pacífica y guerrera de sus vidas: junto a herramientas agrícolas y artesanales, aparecen numerosas armas. Durante los largos inviernos se dedicaban a todo tipo de labores manufactureras. Destacaron en la metalurgia y la orfebrería, en la construcción naval (los carpinteros también construían las casas) y en el tejido y la confección de la ropa, tarea esta última en la que hombres y mujeres colaboraban.

Las mujeres tenían un papel preponderante en la sociedad vikinga. Pese a no tener el mismo rango social que los hombres, eran las que gobernaban la casa, y tenían plenos poderes en las frecuentes ausencias del marido. Las mujeres libres eran respetadas por todos y gozaban de algunos derechos, entre ellos el de divorcio. Al igual que los hombres libres, su riqueza media y condición era mejor que la de los campesinos libres de la Europa del momento. Durante los momentos de las grandes expediciones, la residencia estable de las mujeres vikingas era lo que constituía realmente un poblado. Algunas mujeres viven como curanderas, aisladas en el campo, y se ganan la vida como conocedoras de las hierbas medicinales y como distribuidoras de remedios y conjuros mágicos. A ellas acuden los que necesitan algún tipo de alivio para males físicos y anímicos. Todos y todas se pintan los ojos y cuidan sus largas cabelleras, salvo los esclavos, que tienen el pelo corto y la ropa sin teñir.



Con el desarrollo de la sociedad vikinga, los reyes ganaron importancia y aumentaron su poder a través de los oficiales reales en cada localidad. Pero por encima de ellos se alzaba la Thing o asamblea, donde eran elegidos reyes y jefes locales a la que tenían que dar cuenta. En la asamblea se fijaba la ley, que no era escrita, sino recordada por un cuerpo especial de juristas. Además, frente a los abusos de los reyes se establecieron asociaciones de mercaderes o gremios, que respaldaban o reemplazaban a las familias cuando estas estaban fragmentadas. Las familias tenían la obligación de defender a sus componentes y, eventualmente, vengarles, lo que producía frecuentes sucesiones de venganzas colectivas sin aparente ni fácil final. El duelo a muerte era, como en otras sociedades guerreras, una forma habitual de resolver conflictos, y el que rechazaba el reto era despreciado.

Desde la simplicidad original, pronto la sociedad acrecentó las divisiones entre sus diferentes grupos sociales: nobles, libres y esclavos. Estos últimos (traells) en su mayoría eran prisioneros de guerra o descendientes de ellos (ya que los hijos de una esclava son también esclavos aunque su padre sea un hombre libre).

La religión y la cosmovisión vikinga


Entre una multitud de héroes, seres fantásticos, demonios y dioses, en la religión escandinava destaca la tríada formada por los dioses Odín, Thor y Freyr, seres de gran poder pero mortales.

El rey de Asgard, el más importante reino celestial vikingo, es Odín, Wotan para la mayoría de pueblos germánicos, equivalente a Zeus o Júpiter del mundo grecolatino.


Es el padre de otros dioses y tiene un carácter polivalente, pues se le invoca para pedir la victoria en las expediciones, para demandar sabiduría o solicitar favor para los muertos. Thor, su hijo, es el dios del rayo y del trueno, que provoca con su famoso martillo. Defiende a la humanidad de los seres monstruosos, y es muy venerado por los campesinos y la gente humilde, llegando a sobrepasar su culto al propio Odín. Por su parte, Frey (o Fryr) es el dios de la fertilidad de los campos, los ganados y las personas. En su labor benefactora, estos dioses están apoyados por numerosos seres como las walkirias, entes femeninos que vuelan sobre corceles para llevar al Vahlhala (una parte privilegiada del Asgard) a los héroes muertos en combate, dirigidas por Freya, hermana de Frey y diosa de la belleza.

Frente a ellos hay una serie de dioses negativos o enemigos, como Loki, demonio de la magia, hermano de Odín, de cuya estirpe derivarán los peores monstruos del universo, o Aegir, dios de los océanos, frecuentemente empeñado en el hundimiento de los barcos, además de perversos trols, gigantes y otros monstruos (como la serpiente Jormungand o Hel, la reina de las tinieblas).

No había muchos templos, sino que más bien los ritos se realizaban al aire libre (grandes rocas, manantiales, cimas montañosas…), o en casas particulares. Después de la conversión al cristianismo, algunas iglesias tomaron elementos de los antiguos templos, como los dragones de las techumbres o las piedras rúnicas en las entradas. Los dioses eran representados en tallas de madera hincadas en el suelo. Sobre el altar había un anillo sagrado sobre el que se realizaban juramentos. En las ceremonias se bebía gran cantidad de hidromiel o cerveza, y el estado de embriaguez se consideraba propicio para el contacto con los dioses.

Se celebraban los equinoccios y solsticios, en especial el de verano: en la noche más corta del año se encendían hogueras cerca del mar, como se hace hoy día en muchos lugares.

Los vikingos evolucionaron en sus ritos funerarios desde la incineración hasta la inhumación. Gracias a estos ritos conservamos una parte importante de su cultura material y conocemos sus costumbres. Los personajes principales eran enterrados en sus propios barcos, con ajuares numerosos, trineos, armas, alimentos, animales que se sacrificaban (perros, caballos, pavos reales…), e incluso esclavos. Los sepulcros más modestos consistían en poco más que depositar al muerto bajo un túmulo de piedras, y en época cristiana se simplificó aún más, enterrándole en un sencillo ataúd. Según el tipo de muerte, el difunto iba a un palacio celestial u otro, entre los muchos existentes, algunos verdaderos infiernos o limbos. Uno de los peores estaba reservado a los que morían de muerte natural, un hecho ignominioso en la época vikinga.

Para los escandinavos, el origen del universo estaba en el agua y el hielo, del que surgieron gigantes y dioses. Un enorme fresno sujetaba las diferentes partes del cosmos. Los seres humanos habitan Midgard, construido por los dioses con los restos de un gigante derrotado (su cráneo sirvió para hacer la bóveda celeste, su sangre fueron los ríos, etc…). Este mundo se comunicaba a través del arco iris con Asgard, la morada de los dioses, dividida en varios palacios o residencias, como el Valhalla o el Thrudheim, a donde iban los difuntos según la categoría social o el tipo de muerte.

Concebían un Apocalipsis u ocaso de los dioses (Ragnarök), en el que, después de algunos signos, como tres años de invierno continuado, se produciría una gran batalla entre dioses y gigantes que terminaría con todos ellos y con los nueve mundos existentes, así como con el gran fresno, que se hundiría en el mar. Pese a la pujanza y vitalidad de su forma de vida y de sus creencias, en el fondo los vikingos eran pesimistas, pues tenían muy presente el final de todo el universo. Sin embargo, pensaban que tras el cataclismo definitivo sobrevivirían algunos dioses, hijos de Odín, que crearían una nueva pareja humana que repoblaría el mundo, y renacería el gran fresno.

La era vikinga

¿Cuáles fueron las razones que impulsaron a los vikingos a salir de Escandinavia a buscar riquezas y dominio territorial en toda Europa y en América?

Una combinación de factores permiten explicar este hecho de enorme importancia para la historia europea. Ante todo, el aumento de población y la presión demográfica, iniciada con el cambio climático del siglo VII y VIII, conduce a la búsqueda de nuevas tierras. Pero además hemos de considerar el progreso tecnológico que se vivió por entonces en Escandinavia: la existencia de hierro, su extracción y comercio, permitió la elaboración masiva de armamento y el contacto con otros pueblos del exterior.

Igualmente, los avances en la construcción naval, la versatilidad de sus barcos, lanzaron a los vikingos fuera de sus fronteras.


Los vikingos son pueblos vinculados con el mar y la navegación. El nombre “vikingo” deriva de la lejana palabra vik que significa bahía. En el accidentado terreno de la antigua Escandinavia, las comunicaciones eran más sencillas por mar que por tierra, y en la navegación formaron su riqueza y su identidad como pueblo. Ir de viking significa iniciar una expedición naval, y los vikingos se identificaron con esta expresión.


El barco de combate llamado drakkar (“dragón”, por la decoración típica de su proa) es la culminación de una evolución técnica de siglos (se han encontrado dibujos prehistóricos de barcos de 11 metros en las rocas del Norte de Noruega), hasta alcanzar resultados prodigiosos en cuanto a la técnica naviera.


El drakkar tiene el mástil abatible, la vela rectangular, los equipajes bajo el remo, como asiento, navegan hacia delante y hacia atrás, su quilla baja permite la navegación por mares y por ríos poco profundos, su madera se cortada con hacha, no con sierra, siguiendo las líneas radiales del árbol y formando finos tablones, por lo que eran barcos ligerísimos, que podían ser transportados sobre rodillos o a hombros por cualquier parte. Todo ello hace de los drakkars máquinas de precisión, muy superiores a cualquier embarcación de la época. Según algunos testimonios, la llegada en perfecta formación de los barcos vikingos creaba la impresión de que un muro se acercaba por el mar, debido a la continuidad que lograban con sus velas. También disponían de buques de mercancías denominados knörr, menos veloces pero con más capacidad de carga. Como hoy día, los barcos tenían nombre propio, frecuentemente con carácter poético o simbólico.

Sobre sus cubiertas lograron importantes avances en sus sistemas de navegación: observaban e interpretaban la forma de las olas, la temperatura y humedad de los vientos, la tonalidad del agua, los movimientos de las aves migratorias y cuervos, los tipos de peces y de todo obtenían información útil para sus travesías. Su famosa “piedra solar” les permitía conocer la posición del sol (y por tanto la latitud) aunque estuviera nublado.

Antes de la era vikinga, el procedimiento de expansión fundamental fue el comercio, casi siempre practicado de forma rudimentaria. Conocían el llamado trueque mudo, por el que dejaban mercancías en una costa, dejando un dibujo de lo que querían a cambio, y retirándose hasta que el trueque se producía. Si no se llegaba a un acuerdo, volvían para llevarse sus propias mercancías.... Con el crecimiento de población, salieron poco a poco de su autosuficiencia para ofrecer sus productos y buscar los que precisaban del exterior, particularmente la sal. Con el tiempo se produjeron colonizaciones pacíficas con familias enteras, como sucedió en las islas Shetland hacia el 620 o en Islandia y Groenlandia dos siglos después. Finalmente, los comerciantes llegaban a ser ladrones, y, también saqueadores, lo que constituirían las correrías vikingas propiamente dichas.

Una causa nada desdeñable de las expediciones fue el afán aventurero y conquistador que se apoderaba de estos navegantes en primavera y verano, después de un largo y oscuro invierno. Ir de viking era una prueba de valor y objetivo de todo joven. Los vikingos eran, por lo general, altos, robustos y vigorosos, pero despreciaban al que moría viejo. En su literatura se repite muy a menudo la idea de que no hay que rehusar la lucha, pues la muerte sobreviene de todas formas; nada es eterno y al final de los tiempos todo sucumbirá. De esta forma, las ideas religiosas contribuían a alentar a los guerreros y ensalzar el riesgo en combate.

Aunque no participaran en ellas la mayoría de la población, las expediciones de saqueo fueron, desde luego, muy importantes para la prosperidad de los vikingos. La expedición se costeaba por un socio capitalista, que recibía el 50% del botín, mientras el resto se lo repartían los guerreros participantes. Aparte de oro, joyas, libros… monedas (más de cien mil monedas procedentes de todo el mundo conocido han sido encontradas en Escandinavia), el botín principal lo constituyó el rescate de personas y las ventas como esclavos, que ocasionalmente trabajaban en la agricultura.